13 MITOS SOBRE LAS AVALANCHAS (parte 1)


13 MITOS SOBRE LAS AVALANCHAS.

FALSAS CREENCIAS Y ERRORES FATALES

Cada vez hay más accidentes de avalanchas.

Pero, ¿a qué es debido?

Cada vez tenemos más información, de más calidad y más accesible, gracias a los boletines de aludes BPA, las previsiones metereológicas y los mapas ATES.

Lo cierto es que todavía perduran muchas falsas creencias o verdades a medias en torno a los aludes.

Una falsa creencia puede ser más peligrosa que el simple desconocimiento, ya que nos hace actuar con más confianza.

El motivo es, posiblemente, lo rápido que ha cambiado la práctica de la montaña, y en especial, el esquí de montaña, desde que se empezó a practicar a principios del s.XX en los Alpes.

Hasta esta fecha, el alpinismo y la montaña invernal prácticamente sólo se realizaban a final de temporada, cuando las condiciones son más suaves.

En primavera, las condiciones de calor y humedad de la nieve propician un tipo de aludes, los de fusión. Estas avalanchas suelen producirse cuando, al subir la temperatura, la nieve va cogiendo agua y acaban cayendo por su propio peso.

Es la clásica avalancha de día de calor, avanzado ya el día, tras horas de tocarle el sol.

Sin embargo, con el rápido avance de la tecnología en cuanto a materiales y tejidos, y el profundo cambio en la percepción de la montaña que ha sufrido la sociedad en las últimas décadas, han hecho que cada vez más personas se aventuren a practicar la montaña en pleno invierno.

No solo el esquí de montaña, también el alpinismo, las raquetas de nieve, snowbikes, motos de nieve, etc...

Inevitablemente, muchas de las ideas que habían hace décadas sobre los riesgos en condiciones primaverales siguen a la orden del día para muchas personas.

Pero no son aplicables a las condiciones invernales.

Aquí planteamos 13 mitos o errores sacados de una de las biblias de la gestión del riesgo, el 3x3 avalanchas de Ed. Desnivel

Las avalanchas se desencadenan por encima nuestro de forma espontánea

Lo cierto es que casi nunca es así.

En la mayoría de los casos los aludes los provocamos nosotros.

En primavera, cuando la nieve está húmeda y las temperaturas son más altas, se pueden dar aludes espontáneos entrado el día.

Sin embargo, los aludes de placa suelen desencadenarse por una sobrecarga en el manto.

Casi siempre es provocada por los propios esquiadores o montañeros.

La placa se puede romper tanto por encima nuestro, como por debajo, por el punto más frágil.

foto: Garret Grove

Las avalanchas no se producen cuando hace mucho frío

Sí que se producen y son más habituales de lo que nos gustaría.

Antiguamente se creía que el calor favorecía las avalanchas mientras que el frío era signo de estabilidad. Generalmente en primavera esto es cierto.

Pero en pleno invierno es justo al revés.

Los aludes de placa pueden producirse incluso con temperaturas extremadamente frías.

Cuando las temperaturas se mantienen muy bajas y la nieve es seca, las tensiones en el manto nival pueden prolongarse durante días sin disminuir su peligrosidad.

Cuando la capa de nieve es fina no hay peligro

Tenemos tendencia a creer que si hay muy poca nieve no hay peligro.

La confusión puede venir porque una capa gruesa de nieve reciente es más peligrosa que una muy fina.

Sin embargo, las grandes nevadas con temperaturas suaves hacen que el manto se cohesione más rápido por el propio peso.

Mientras que una capa de nieve fina puede mantenerse inestable mucho más tiempo.

Además, si las temperaturas son bajas, esta capa fina se transformará rápidamente en una superficie deslizante sobre la que caerán las siguientes nevadas.

En definitiva, un tiempo de grandes nevadas y temperaturas suaves propicia situaciones más estables que un tiempo de mucho frío y precipitaciones escasas.

El bosque protege de las avalanchas

Esta es otra de esas creencias que nos generan una falsa seguridad.

La nieve cae encima de las copas de los árboles y poco a poco , con el calor, va cayendo al suelo formando una capa totalmente diferente a la nieve del exterior del bosque.

Es por eso que siempre hemos tenido la sensación que no hay peligro dentro del bosque. Los aludes en bosque son raros, pero no imposibles.

Sólo los bosques muy tupidos, por los que no se puede esquiar ni prácticamente progresar, nos pueden proteger de los aludes de placa.

Por el contrario, los árboles aislados o bastante separados, generan puntos frágiles en el manto nival.

Esta pendiente es segura porque nunca antes ha caído una avalancha

No existe ninguna pendiente por encima de los 30º que sea siempre segura.

Si hay una pendiente, hay posibilidad que en algún momento se den las condiciones de meteorología y nivología como para que se desencadene un alud.

Aunque nunca se haya visto una avalancha en determinada pendiente, esta no está exenta de peligro, y siempre debemos tratarla como cualquier otra pendiente, analizando las condiciones.

Las palas pequeñas no son peligrosas

Otra falsa idea es que si la pala es muy pequeña en superficie, incluso en grosor, parece que no pueda ser peligrosa.

Pero el volumen y peso real de las placas son mucho mayores a lo que parece.

Una placa de unos 20m x 30m x 0,35m puede pesar según el tipo de nieve entre 20 y 40 TONELADAS!

De hecho, según la clasificación por tamaño de los aludes, uno pequeño se considera a aquel alud capaz de enterrar, herir o matar a una persona.

Están sólo por encima de las purgas en la clasificación por tamaños.

7 mitos más en el próximo Post

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Anna Quintana

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Técnico deportivo en Espeleologia

Técnico deportivo en Media Montaña

​Técnico deportivo en Esquí alpino

2º nivel en Primeros auxilios

Licenciada en Bellas Artes. Fotografía.

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